Físico, fotógrafo y practicante de aikido, Jérôme Amzallag ha sido un espectador asiduo, apasionado y comprometido a lo largo de la décima edición del festival Haizebegi. Ha tenido la amabilidad de cedernos algunas de sus fotos para ilustrar varios artículos de este último número del Journal y del anterior. Lo menos que podíamos hacer era presentarlo.
Físico interesado principalmente por las vibraciones luminosas, concretamente las del espectro de la luz visible, su tesis versó sobre la propagación de la luz en materiales semiconductores, propagación que requiere un análisis de frecuencia y polarización de la onda electromagnética. Profesor titular de Física ondulatoria en la Universidad París VI (actualmente Sorbona Universidad) durante 25 años, impartió principalmente clases de óptica geométrica y ondulatoria, tanto desde un punto de vista teórico como, sobre todo, experimental.
Su largo recorrido en el mundo de la imagen comenzó con la fotografía de artistas de jazz.
En el lado en blanco y negro del jazz
Atraído por el ser humano, el movimiento y su luz, trabaja a continuación las formas aisladas de los cuerpos en escenas de luces y sombras entretejidas hasta el infinito por la danza japonesa butoh.
Actualmente, su trabajo fotográfico se centra en la fotografía humanista difuminada o con efecto acuarela (#photobrouillee o #scrambledphoto). Este trabajo comenzó en la década de 2010 con dos temas favoritos y simbólicos («Smartfeet» y «Just Follow») como herramienta para la búsqueda de la luz y el análisis de la función motora del ser humano.
La realización de vídeos «one shot» es también un tema que le apasiona por la concentración sostenida y la intuición que requiere, lo que le permite aunar sus pasiones y su búsqueda personal de un sincretismo propio. Como el del aikido, una práctica física y mental que comenzó a los 18 años. Cuando toma algunas de sus fotografías, utiliza los movimientos de esta disciplina. Este aspecto de la fotografía le permite introducir la noción de relatividad del movimiento inducido. Así, con cada clic, la huella fotográfica pixelada que queda registrada se convierte en un testimonio de este fenómeno físico, que se transforma en una «acuarelización» fotográfica que reinterpreta su percepción «martializada» de lo cotidiano.
Jérôme Amzallag ha expuesto en Francia y en EE. UU.
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