¿Qué puede aportar el arte en una situación de migración forzada? Esa es la pregunta que se planteará a los participantes del festival Haizebegi este sábado.
La primera parte de la jornada, dedicada al coloquio de la red MusiMig, permitió el debate científico sobre los trabajos de investigadoras e investigadores internacionales. ¿Qué significa «actuar en nombre de la música»? ¿Debe considerarse esta como una herramienta de liberación o de dominación cultural? ¿Cómo se entrelaza la música con las trayectorias vitales de las personas desplazadas en Nueva York, San Sebastián y Berlín?
La segunda mitad del programa ponía de relieve las iniciativas artísticas de aquellas y aquellos que apuestan por afirmar la práctica artística como herramienta de resiliencia. Tanto para Elaha Iqbali como para The Boat Art Collective, el arte se convierte en una herramienta de protesta y de afirmación personal. Iman Alidoosti, al ser preguntada sobre la utilidad de recurrir al arte como herramienta de solidaridad en los campos de refugiados, responde con humor que «el arte es lo único que nos queda si nos dejan desnudos y nos sacuden».
Margot Artur de Lizarraga


