En el festival Haizebegi, el encuentro ocupa un lugar central en el programa, y la música dialoga cada día con las ciencias humanas. Esto se hace eco de la obra de Frédéric Deval, protagonista de la velada de este jueves 19 de octubre. El libro póstumo que recopila sus escritos sobre la música, *Petites géométries de l’expérience musical*, publicado hoy, será presentado por aquellas y aquellos que le han acompañado a lo largo de toda su vida.

Cuando las ciencias humanas se entrelazan con la música
Como productor y programador, Frédéric Deval había creado un espacio de encuentro para artistas y lenguajes procedentes de horizontes muy diversos. Reflexionaba de forma singular sobre las experiencias musicales que creaba. Así lo atestiguan sus escritos, recopilados por Ghislaine Glasson Deshaumes, su esposa, tras su fallecimiento en 2016. La Fundación Royaumont, donde era responsable del programa de Músicas Transculturales que acompañaba a las residencias de creación, era para él un laboratorio en el que observar, cuestionar y pensar. Frédéric Deval sentía un gran interés por la forma en que las ciencias humanas podían arrojar luz sobre la creación musical. Había reunido a artistas e investigadores en ciencias sociales, y también fue el impulsor de una colaboración con la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS). Para Frédéric Deval, la música era una ventana abierta a través de la cual se podían descubrir otras formas de ver el mundo.

Una programación transcultural
Frédéric Deval se mostraba muy crítico con las categorizaciones musicales, en particular con los términos «world music» y «músicas del mundo». Se negaba a poner etiquetas y a encerrar una visión artística tras una sola palabra. En la Fundación Royaumont, una abadía cisterciense reconvertida en centro de creación artística, su programa de «Músicas Transculturales» era la materialización de una visión en la que el escenario se convierte en un espacio abierto, en el que las fronteras se difuminan y los lenguajes se entremezclan. Con la diversidad como lema, hacía que se encontraran repertorios variados que iban desde el slam hasta el raga indio, y artistas procedentes de múltiples horizontes: músicos árabes, persas, kurdos, africanos, flamencos, gitanos… Así, iban tomando forma «comunidades imaginarias», las categorías se desvanecían, los repertorios se desjerarquizaban y surgía un nuevo lenguaje.

Una visión humanista
El programa «Músicas Transculturales» de Frédéric Deval tenía una dimensión política, humanista y universalista, en la que recordaba que la relación con el otro no era un peligro, sino una riqueza. Tenía una visión auténtica, que sacudía, rompía fronteras, mezclaba lenguajes y convertía el escenario en un espacio para superar los enfrentamientos. Durante la mesa redonda, Denis Laborde mencionó el espectáculo *Sleep Song*, producido en Royaumont en 2011. En él se reunieron músicos de Irak y de Estados Unidos —en una resonancia política directa con la guerra de Irak— con la intención de contrarrestar la violencia del mundo.
Frédéric Deval rechazaba cualquier forma de dominación y jerarquización, especialmente entre la música culta y la música popular. Ponía la diversidad en primer plano. Esta filosofía se plasmaba, por ejemplo, en el espectáculo«99», presentado en 2017, en referencia al número de departamento que figura en el número de la Seguridad Social de toda persona de nacionalidad francesa nacida en el extranjero. En este espectáculo, varios artistas originarios del 99 se reunían en el escenario y hacían resonar en armonía el rap, el jazz contemporáneo, la flauta india, los maqams iraquíes y los bajos electrónicos.
Frédéric Deval estaba siempre atento a los temas candentes de nuestra sociedad y los incorporaba a sus proyectos. Tanto en lo poético como en lo político, convertía la experiencia musical en una invitación a dar un paso al lado, para percibir lo humano en toda su multiplicidad y su mayor riqueza.
Mari le Diraison

