Con motivo de la inauguración del festival Haizebegi, la actualidad ucraniana ocupó un lugar destacado. La conferencia de Hamit Bozarslan, sobre la lucha por la democracia que se está librando en Ucrania, sirvió de introducción al concierto de cantos polifónicos del dúo Kurbasy.
«El pueblo ucraniano lucha cantando». En la inauguración del festival, Ucrania se da a conocer, en la encrucijada entre los cantos ancestrales y las reflexiones sobre la actualidad de un país en guerra. La conferencia de Hamit Bozarslan y el concierto del dúo Kurbasy se hacen eco de ello. Muestran la lucha de un «pueblo que lucha con el canto en los labios».

Doble ceguera
Hamit Bozarslan, que acudió a presentar su última obra, *Ucrania, la doble ceguera*, analizó tanto los fundamentos del pensamiento político ruso contemporáneo como los fracasos de las democracias occidentales. El historiador y politólogo describe tanto los mecanismos del poder «gótico, de muertos vivientes» de la Rusia de Putin como la ceguera de las potencias occidentales, cegadas por la ilusión de una «misión democrática cumplida» desde el desmantelamiento de la URSS.
La obra de Hamit Bozarslan tiene el mérito de reorientar la cuestión ucraniana en torno a los conceptos de democracia y antidemocracia, dejando de lado los obsoletos prismas Norte-Sur u Oriente-Occidente. La determinación ucraniana, encarnada por Volodymyr Zelensky, adquiere así un nuevo matiz: el de una lucha no solo por la independencia, sino por el mantenimiento de una democracia incipiente.

Canciones del bosque ucraniano
Creado en 2008 por Mariia Oneshchak y Nataliia Rybka-Parkhomenko, el dúo Kurbasy toma su nombre de la compañía de teatro posmoderna y vanguardista «Les Kurbas», de Leópolis (Ucrania), de la que proceden. Actrices y cantantes, sus actuaciones combinan hábilmente diversos instrumentos, acordes polifónicos y algunos sonidos indios, al son de la shruti-box.
Compuesto en 2020, el espectáculo presentado el jueves por la noche es fruto de las restricciones sanitarias impuestas por la COVID-19. Confinadas juntas en la casa de Mariia, a las afueras de un bosque, las circunstancias llevaron a las dos artistas a componer una obra inspirada en los cantos tradicionales de diferentes regiones de Ucrania y en el universo del bosque. Entre juegos de silencio, polifonía y tintineos mágicos, Mariia y Nataliia nos invitan a sumergirnos en el folclore ucraniano.
Tiempo para el debate
Los dos artistas nos presentan una obra polifacética, a medio camino entre la nana y los tonos heroicos, incluso dramáticos. La melancolía y la dulzura se unen al gorjeo de los pájaros y a un imaginario poético que tiende a lo épico.
Presentada en un caos babelico de palabras pronunciadas y superpuestas, la actuación invita al público al debate desde sus primeros instantes. A través de los distintos cantos, las voces se armonizan, a veces se interponen, entre acuerdos y desacuerdos, y llevan consigo toda la pluralidad de las voces de un pueblo amordazado.

Transmisión
En definitiva, lo que se propone es un momento de meditación. La obra debe su calidad a su fuerza reflexiva. Te transporta y te invita a la reflexión. La exploración musical que se desarrolla en ella juega con las temporalidades. A caballo entre el legado ancestral y la actualidad candente, es el vector de una doble transmisión. Una transmisión tanto de las generaciones mayores ucranianas a las más jóvenes, como de dos artistas emisarios a sus públicos vasco y francés. El dúo consigue así representar con destreza la exuberante diversidad de la cultura ucraniana, al tiempo que hace oír la voz de un pueblo en lucha desde el extranjero.
Jérémy Casaux

